De cuando presencié el amor más puro y verdadero

Está en todas partes, lo oía todo el tiempo en frases que suenan a cliché… lo veía a mi alrededor y sin embargo no entendía lo que llamaban el amor puro… ese amor aún más verdadero que el que siento cada vez que veo a unos novios decir “sí, acepto”.

Ese amor lo conocí hace año y medio, cuando Bruno llegó a mi vida, y entendí, por fin, a qué se referían realmente aquellas frases trilladas. El convertirme en madre fué como atravesar un umbral., como llevar mi vida a otro plano existencial donde por fin pude ver la verdad. La verdad sobre ese amor y esa vida que sabes que existe, y que todos hablan de ella, pero no la entiendes (aunque creas que si) hasta que realmente la vives en carne propia.

Hace poco me volví a topar con este amor puro y verdadero, esta vez, como espectadora: tuve la fortuna de documentar el nacimiento de Fátima.

El ver nacer una familia es cosa de otro nivel… un nacimiento es presenciar uno de los momentos más íntimos, auténticos y puros en la vida de una pareja, es imposible mantener fachadas, o preocuparte por vanalidades de la vida… un parto es auténtico, es verdadero, y la belleza que te brindan esos momentos no se compara con nada.

Ver estas fotos me hacen darle un sentido nuevo a la vida, y tener un profundo respeto y admiración hacia todas las mamás, e inevitablemente pienso en la mía y en todo lo que pasó para traerme a este mundo.

Pienso que estas imágenes crean consciencia de lo que somos, y del profundo amor del que provenimos. Porque sólo amor puro y fuerza pueden hacer que una mujer se convierta en madre.

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